2º parte: encuentro
La humedad se le clavaba en el cuerpo como cuchillos o palabras (cómo sería su voz?) aunque la lluvia en realidad estaba lejos y lo que lo mojaba no era más que rocío. Le provocaba un inmenso e irreconocible placer el hecho de estar ahí sentado en el pasto que algú extraño habría cortado esa misma mañana (la canción que tarareaba no la conozco, pero se le veía la felicidad en la pupila de sus ojos marrones bien oscuros. Seguía pensando que era una locura lo que estaba haciendo, poner en riesgo su trabajo para que al final nada. Pero tal vez ella, entonces todo y por eso). Descansó unos largos minutos hasta que se decidió a seguir con su viaje y (valía la pena, tenía que hacerlo) paró un colectivo que a penas se le veía el número por causa de la neblina. Poca gente se aventuraba a dar un paseo a esa hora de la madrugada, sólo una mujer de unos 75 años sentada en el último asiento solitario como ella misma. Sacó el boleto y no pudo ir a acomodarse sin antes mirarla fijo por un par de segundos. Adoraba su capacidad para encontrar gente interesante en lugares tan públicos. Justamente gracias a ese don es que había encontrado a la mujer que estaba buscando. Las canas de la mujer misteriosa le provocaban un malestar extraño pero intrigante. La necesidad de hablarle crecía, así que no dudó ni un segundo más y se aventuró a conocer a esa señora mayor que había captado su atención desde el primer momento.