3ºparte: conociéndose
se acercó con cuidado y tratando de inventar alguna excusa para entablar conversación, pero no hizo falta ya que cuando estaba llegando al punto de encuentro observó en su falda algo que en el fondo no lo sorprendió, no podía ser de otra manera: 62 modelo para armar. una mujer misteriosamente fascinante leyendo al hombre que él más admiraba y hasta envidiaba, julio cortázar. se sentó en el asiento de adelante mientras chasqueaba los dedos para calmar sus infundados nervios (por algún motivo los ojos celestes intensos de la mujer mayor le hacían recordar a esa muchacha que estaba buscando desesperadamente, que no conocía, pero seguro no tenía ojos celestes, lo hubiera notado aquel atardecer en el subte, el día que la vió y se enamoró profundamente quizás de su pelo o su cuerpo o su forma de caminar o de protestar porque) hasta que gracias a sus impulsivas reacciones momentáneas se dió vuelta y le comentó: "excelente libro, no?" y bueno, cortázar un genio, los jóvenes deberían leerlo más, poca gente ama al arte hoy en día. y ella: el concierto de jazz, la modernidad, la falta de preocupación por el otro, el exceso de egoísmo, beethoven, maravilloso beethoven, dónde quedó el arte de mi época. él completamente obnubilado y un poco enamorado de esa señora que que parecía tan sola. seguro sería viuda, con uno o dos hijos que vivían con ella, sin nietos, faltaba niñez en sus ojos que envejecían cada segundo más y que bajo la poca luz (no puede ser que la frecuencia del subte sea tan. pero él no escuchaba lo que decía, él escuchaba su voz y en ese momento fue que se prometió volver a buscarla, cuando ella bajó en florida y los incas estaba lejos y no se animó a seguirla. prefirió no llegar tarde al trabajo antes que seguirla pero ahora estaba siguiéndola a ninguna parte) del colectivo se veían menos hermosos de lo que en verdad eran.
- me bajo acá querido, un placer haberte conocido.
-por favor señora, me concedería el honor de acompañarla hasta su casa?
una sonrisa contestó la pregunta y los dos bajaron del bondi con el extremo cuidado que se requiere hacerlo a los ¿75? años. la noche comenzaba a despejarse pero de a ratos él prefería que lloviera, que el agua mojara su cara, sus manos, su alma. (y sin ninguna idea de dónde podría estar en ese momento que él estaba caminando en pleno centro porteño de la mano de una anciana fanática del jazz y del whisky) caminaron un largo rato, quizás demasiado largo para su gusto, hasta que llegaron a la puerta del departamento y tímidamente la señora lo invitó a tomar una copa y él sin dudar aceptó por el frío y por el cariño.