martes, 13 de noviembre de 2007
Pensar en voz (o mano) alta
Creo que ya comienza a pesarme tu cabeza en mi pecho. No, pero está bien, quedate así, es el mejor lugar donde podés estar. No, no te levantes. Ah, sólo me querías dar un beso en el cuello. Espero que no notes como se eriza mi piel cada vez que lo hacés. Seguramente estarás escuchando y sintiendo los latidos de mi corazón, ¡qué verguenza! te vas a dar cuenta de que está muy acelerado, mejor me relajo y dejo de pensar un poco. Es imposible pensar en nada me doy cuenta. A ver, por ahí funciona si me imagino una pared blanca. No, eso no es una pared blanca, eso es una habitación, supongo que de algún muy buen hotel, o de una cabaña de vacaciones. ¡Qué lindo sería irnos de vacaciones juntos! No tendríamos que estar preocupados por el reloj. -Tic-tac-tic-tac - ese despertador hace mucho ruido me gustaría tirarlo. Estoy un poco incómoda me parece, me gustaría mover un poco el brazo izquierdo que quedó aplastado abajo tuyo. No, quedate quieto, no me quiero ir ni quiero que te vayas. Por favor, volvé como estabas antes. ¿Por qué me sonreís?¿Qué significa ese beso? Ay, no sé, te juro que no te entiendo. Ahora me besás, en un rato te vas, por ahí no hablamos más hasta el mes que viene, tendría que decirte que no vuelvas nunca. Eso, te lo voy a decir ahora. No, no puedo. Tus ojitos cerrados, tu respiración lenta, una sonrisa asomándose en tu boca... No puedo decirte que te vayas, no puedo decirte que no vuelvas. Me gustaría que te quedaras acá para siempre. - Cu, cu - ¿sonó el cucú? ¿ya son las cuatro de la tarde? ¿hace cuánto que estamos así? Bueno, ¿qué importa? Todavía tenemos tiempo. Tenemos los dos la mirada perdida en el mismo techo, en la misma lámpara y en las simpáticas figuras que dibuja en el cielorraso blanco. Me agarraste la mano, y yo estoy acariciando tu rostro. Creo que no puedo pedir nada más.