el hecho de poder mirarlo a los ojos y decirle "te quiero"
y que, como si fuera poco, me mire a los ojos y me diga "yo también"
me producen esas ganas casi incontrolables de abrazarlo
de apretarlo bien fuerte contra mi pecho
rogándole que no me deje ir
que no se vaya
que ese momento sea infinito
que las horas dejen de pasar tan rápido
y que no exista el pasado
que no importe el después
y si todo termina ahí, si se extingue el mundo
no me importa
porque te quiero, y te lo dije, y ya está.