ella lo esperaba como siempre con el corazón en la mano y la nariz pegada a la puerta (idiota). escuchaba pasos que no existían y voces de personas que nunca le habían hablado. el teléfono sonaba sólo en su imaginación, y la sangre se sus ojos se la confundía con lágrimas. ¡pobre infeliz! el tiempo se escurría como agua entre sus dedos, como agua entre tus dedos, entre tus sueños, entre vos. las horas pasaban y la nada abundaba en su cuerpo. demasiado de ésto, muy poco de aquello. los cigarrillos fumados por el viento y la esperanza tomándose un taxi en la esquina. corría sin moverse y gritaba cada tanto.
hasta que, bueno, de vez en cuando él llegaba y le regalaba un par de besos. ella se los guardaba bien adentro suyo y lo despedía con un te amo. y por la misma puerta por la que había entrado, él salía, sin notar las manchas de sangre ni de desesperación ni de amor. así, como si nada.