cortás una rosa roja con tu dedos pulgar e índice,
la olés un poco, la peinás, la besás y la guardas en un bolsillo.
seguís caminando hasta que empieza a llover
entonces te frenás y sacás la rosa de tu pantalón para que se riege (si, aunque no tenga raíces).
sonreís al verla llena de vida aunque en realidad ya esté muerta
te da un poco de pena, un poco de amor
y un poco de melancolía.
llorás tranquila porque las gotas de lluvia disimulan tus lágrimas
abrazás a la flor apretándola bien fuerte contra tu pecho
y cuando separás las manos
te das cuenta que están repletas de sangre
(o de pétalos destruídos)
entonces comenzás a correr en busca de un hospital
o de cualquier persona que pueda ayudarte
a revivirla.
corrés y corrés hasta perderte, la gente te mira extrañada,
vos no parás de gritar, cruzás la calle sin mirar a los costados
y ¡pum!
silencio
y oscuridad.
después de un rato (minutos, horas, días o meses)
abrís los ojos
mirás tus manos
vacías
sin el rojo intenso de la rosa/sangre
y sin dudarlo, volvés a cerrar los ojos
pero esta vez decidida a no abrirlos nunca más
(al menos que una rosa...)